Mitos y leyendas del perro pitbull

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Su fama lo precede. Aunque mucha gente no conozca sus orígenes o su historia, con solo decir la palabra “pitbull” ya salen despavoridos. Es que la reputación del American Pit Bull Terrier no está a salvo, y los variados mitos y leyendas que se extienden a su alrededor no hacen más que difuminar la verdad.

Sí, es cierto, descienden de antiguos perros de peleas, que eran criados simplemente con ese fin, y cuya rudeza y habilidad en las fosas (en las que peleaban con ratas o con otros perros) se fueron perfeccionando con el tiempo. Sus antepasados eran los protagonistas de un “deporte” sanguinario que divertía a la gente de la época, hasta que las peleas fueron finalmente prohibidas en Inglaterra, aunque no desaparecieron completamente.

Pero en realidad esta raza sirvió a muchos propósitos: participó de los ejércitos; se desempeñó como perro de pastoreo; en fuerzas de seguridad; como perro de defensa y protección en casas particulares; y en la actualidad también muchos ejemplares sirven como perros de terapia. Pero parece que para la opinión pública todo esto poco importa, porque después de todo las peleas clandestinas no dejaron de existir y algunos perros poco afortunados aún siguen luchando, instigados por sus dueños a lastimar y a sacar de combate a sus oponentes.

Pero ¿qué culpa tiene el pobre perro de todo esto? ¿Qué culpa tiene él si hay gente sedienta de sangre que apuesta al posible ganador y posibilita este negocio macabro? ¿Qué culpa puede tener un Pitbull de las intenciones de su dueño, de una crianza a fuerza de golpes y humillaciones?

Cabe aclarar algo, estos perros no son agresivos por naturaleza, la fiereza es provocada, es resultado de una sociabilización nula, de golpes, de malos tratos, de aislamiento, de dueños que miden su felicidad en relación a la agresividad que demuestre su mascota, sin importar la seguridad de los suyos o la de los demás.

La imagen del perro asesino, rudo y violento se viene perpetuando hace muchos años, pero en los últimos tiempos parece que el Pitbull se ha vuelto el centro de una campaña de desprestigio por parte de los medios de comunicación, suerte que comparte con razas como el Rottweiler y el Dogo Argentino.

No es extraño que la tenencia de esta raza esté prohibida en varios países, entre los que se incluye Israel, Dinamarca, Nueva Zelanda, Holanda y Ecuador. En otros lugares del mundo, la obligación de los dueños de razas consideradas “peligrosas” a sacarlos a pasear con bozal, aunque su mascota no muestre señales de agresividad, es una ley que los ciudadanos deben cumplir para evitar posibles sanciones.

De todas maneras, la mala prensa continúa con noticias que muestran la belicosidad de estos animales y sus ataques supuestamente aleatorios y sin sentido. Mucha gente muere entre sus mandíbulas o es gravemente herida en algún ataque de locura, o esto es al menos lo que reportan los noticieros y los diarios, que no dejan de volver sobre el tema y, de paso, aprovechan para nombrar a las otras razas, que reciben el agravio de rebote, aunque ellos no hayan tenido nada que ver con el caso en particular.

El problema es que en los medios de comunicación no hacen más que mostrar la violencia de este animal para con sus dueños u otras personas, pero no suelen ocuparse de las causas reales que llevan a un Pitbull, o a ejemplares de otras razas, a mostrar señales de agresividad. La gente teme a los perros violentos y pendencieros, y se mantiene lejos de ellos, pero no relaciona la conducta de los animales con la de sus dueños, con la falta de educación en quienes deberían educarlos a ellos, en quienes deberían saber manejarlos.

Víctimas de la moda, muchos adquieren estos canidos, pero poco saben de ellos y de su cuidado, y el Pitbull puede ser una maravillosa mascota, estable, amorosa y fiel, siempre y cuando caiga en buenas manos y reciba el adiestramiento adecuado.

El American Pit Bull Terrier no es un asesino, como muchos quieren hacernos creer, es simplemente un perro incomprendido.